
Recuerdo cuando hace treinta años
estuve a punto de darme por vencida, a punto de renunciar a mi sueño. No fue
una época fácil para mí, ya que cada vez me era más difícil compaginar el
instituto y el conservatorio, el nivel de exigencia iba aumentando y yo sentía
que no daba abasto. No fueron pocas las veces que me planteé dejar el
conservatorio y abandonar mi sueño de ser guitarrista e impartir clases en mi
propia academia. Menos mal que no me di por vencida. A día de hoy no podría
decir exactamente qué fue lo que me hizo seguir adelante. Puede que fueran mis
compañeras de conservatorio, a las que no podía ni pensar en dejar de ver
cuatro días a la semana. Quizá fue mi padre, que desde siempre me ha enseñado a
no rendirme, a ser perseverante y, sobre todo, a luchar por lo que quiero. A lo
mejor fue la cara de ilusión de mi madre al verme tocar en las audiciones. Tal
vez fuera que, en verdad, no me imagino mi día a día sin tocar la guitarra,
ensayar con el piano o hacer algún ejercicio relacionado con música. Probablemente
fue una mezcla de todo eso, aunque, fuera lo que fuera lo que hizo seguir
adelante, doy gracias por ello. Si me hubiera rendido, ahora mismo no estaría
dando clase en mi academia, ni tendría los maravillosos alumnos que tengo, ni
estaría organizando el próximo festival de guitarra de este verano, que ya es
casi una tradición en esta ciudad.
Iria Cousido 4º E
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