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domingo, 25 de octubre de 2015

Un rayo de alegría


Me considero una persona bastante solitaria, muy mía, incluso a veces hasta llegar al punto de insoportable. En cambio, mi hermana es la alegría incorporada en ese cuerpecito tan pequeño. Dejando esto a un lado, a comprensiva no la gana nadie, y a paciente tampoco.
Soy una persona que tiende a guardarse mucho las cosas, no va conmigo contar mis problemas a no ser que tenga mucho acumulado, y, cuando esto pasa, la explosión es tremebunda, y en estas ocasiones, la única que sabe calmarme es ella. Sé que siempre que nos peleamos ambas dos nos sentimos culpables, pero no importa; dejando el orgullo atrás nos reconciliamos con un abrazo, y verdaderamente adoro estos momentos en los que después de una discusión pasamos la noche  juntas, las dos tumbadas en la cama, a veces sin dirigirnos la palabra, otras riendo sin poder parar por cualquier tontería que nos haya hecho gracia, pero esto es insignificante porque sabemos que estamos juntas y que el lazo que nos une  es más fuerte que cualquier cosa.
Mi hermana es una pieza fundamental en el rompecabezas que es mi vida, y me atrevería a decir que, sin ella, nada tendría sentido.


Paula Gutiérrez 4ºE

Donde mi vida empieza


Todo empezó con dos corazones latiendo dentro del mismo cuerpo. Es impresionante cómo el cuerpo de una mujer está preparado para albergar a otra persona en su interior, una persona completamente diferente, pero a la vez parecida, a la mujer que la alberga. Este cuerpo te cuida, te alimenta y te forma, y una vez que estás listo te expulsa al mundo exterior para que comiences a hacer tu propia vida; pero las madres no se encargan solo de eso, se encargan de miles de cosas más.

Una vez que sales al exterior, se encarga de cuidarte, quererte y enseñarte. Las madres te enseñan cosas que no se aprenden en un colegio. Mi madre no me ha enseñado matemáticas, ciencias naturales o inglés; mi madre me ha enseñado cosas que para mí son mucho más valiosas: me ha enseñado a vivir, a cuidarme, a distinguir entre lo que está bien o está mal, a hablar, a reír, a andar y muchas otras cosas. Una madre siempre es un referente para un hijo. Los bebés aprenden por imitación, ¿y quién es una de las primeras personas a las que van a imitar?   A su madre, por supuesto. Una madre, por voluntad o por instinto, sabe siempre lo que su hijo necesita o quiere. La mía lo sabe. Una madre es algo único e irrepetible que todos necesitamos por más que lo neguemos. Yo necesito a la mía, y aunque me traten de niña mimada, es que, iguales o diferentes, nuestros corazones latieron juntos alguna vez, y por eso estas escasas palabras van dedicadas a mi madre, porque sé que, por más alto que vuele, con ella siempre tendré un hogar.

Lucía Juberías 4º E